La cultura cubana expresa la síntesis de las contribuciones
hispánicas, africanas y de otros pueblos del mundo que fraguaron
una identidad singularmente diferenciada a lo largo de medio milenio.
Cuba es un ajiaco y se reconoce en la esencia de una espiritualidad
que exalta los valores de la solidaridad, la conciencia de ser a la
vez únicos y diversos, de hacer de su condición insular
un punto de partida para la genuina universalidad.
La evolución histórica de la isla traza las coordenadas
de esa identidad que cuajó decisivamente a partir de la vinculación
entre las luchas por la independencia del dominio colonial y la formación
de la nacionalidad cubana en el siglo XIX. Fue así, como la
idea de una cultura nacional se fue perfilando desde una perspectiva
de liberación, democrática y popular. A diferencia de
otras formaciones sociales, el muro entre pueblo y cultura comenzó
a derribarse y a afianzarse un concepto en que justicia social y sed
de belleza integran una indisoluble unidad.
Con el triunfo de la revolución la cultura entró en
una nueva etapa de desarrollo. Uno de los acontecimientos más
trascendentales de esa fase se ubica en la campaña de alfabetización
que en 1961 representó un enorme paso para la democratización
de la cultura. En el campo del arte y la literatura, la sociedad que
desde entonces comenzó a edificarse materializó un sistema
de escuelas de arte a lo largo y ancho del país, lo cual posibilitó
el acceso de todos los talentos a la formación vocacional y
profesional y un sistema de instituciones culturales en todos los
municipios que cuentan con Casas de Cultura para la orientación
del trabajo comunitario, museos, galerías de arte, salas cinematográficas
y de video y bibliotecas. Las escuelas y los maestros están
en el vórtice de la vida espiritual de cada comunidad.
La política cultural ha alentado una estrecha vinculación
del movimiento intelectual con la sociedad en general, ha fortalecido
el criterio de la promoción de la cultura como eje rector de
su papel funcional en la sociedad, ha trabajado por la conservación
del patrimonio y auspiciado la experimentación y el desarrollo
de todas las manifestaciones artísticas por igual, ha garantizado
la más amplia variedad formal y ha enriquecido el contenido
del tiempo libre de la población. Todo esto ha redundado en
el fomento de un clima idóneo para la creación artística
y literaria y su más amplia recepción, y a la vez, ha
hecho posible el diálogo fecundo con el mundo sobre todo en
el ámbito latinoamericano y caribeño al que pertenece.
La mezcla de la guitarra española y del tambor africano da
a la música cubana sus formas más distintivas, la rumba
y el son. No obstante, algunos de sus ritmos folclóricos (como
el punto, el zapateado y la guajira) tienen una gran influencia de
la música europea. Otras canciones y danzas famosas son: la
guaracha, el bolero, la habanera, el mambo y el danzón. En
el campo de la literatura cubana, destacan los poetas románticos
del siglo XIX Gertrudis Gómez de Avellaneda y José María
de Heredia, además del precursor del modernismo, José
Martí. Entre los novelistas contemporáneos, hay que
citar a Alejo Carpentier, José Lezama Lima.
La Biblioteca Nacional de La Habana es la más grande de Cuba:
contiene cerca de 2,2 millones de volúmenes. Tanto en La Habana
como en las capitales de provincia existen bibliotecas municipales.
En el Museo Nacional de La Habana se pueden apreciar colecciones tanto
de arte clásico y moderno como de los vestigios de las antiguas
culturas indígenas. Otros museos importantes son: el Museo
de Bellas Artes, el Museoa Colonial de La Habana, el Museo de Antropología
de La Habana, el Museo Emilio Bacardí Moreau —de historia
natural y arte— en la ciudad de Santiago de Cuba, y el Museo
Oscar M. de Rojas en la ciudad de Cárdenas. Destaca también
como institución cultural la Casa de las Américas, fundada
en 1959 y dedicada a la promoción del arte, la literatura y
las ciencias sociales, no sólo en Cuba sino en toda América
Latina.